me siento, mar, a oirte. ¿te sentarás tú, mar, para escucharme?
r. alberti

miércoles, 29 de diciembre de 2010

cerro del trigo



Los Borres.
Abajo
el Guadiato discurre
charlatán, encajonado,
bajo la atenta mirada verde
de la Sierra impenetrable,
acechante.
Cerro del Trigo.
Monte umbrío y hueco
que acoge quejigos,
alcornoques, madroños,
aladiernos y lentisco,
monte habitado de respiraciones atentas,
de movimientos inquietos,
agazapados.
Cerro del Trigo,
espacio de sensualidad desbocada,
es ratonera y territorio
de trampa y muerte,
donde el silencio atronador es garante de vida,
fiel centinela ante el peligro

Silencio, Vida.
Paisaje cotidiano
que transitan animales
y que guarda suspiros, palabras,
desesperación y miedo
de gentes
que allí arrastraron
sus vidas
y esperanzas.
Barranco de la Huesa,
Borres,
Cerro del Trigo:
lugares donde el viento,
-otra vez sólo el viento-
con la ayuda del silencio,
podrá contar
los sueños que aquellas Gentes
de la Sierra
urdieron
y nunca avistaron

Agustín Carrasco Leiva

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